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Quizás para decir quiénes somos podríamos empezar por citar nuestro lema: TODO POR AMOR A DIOS. Sabemos que un lema no es la definición de lo que se es, pero puede ser una expresión de lo que se desea ser y, por lo tanto, de lo que se intenta hacer.

Dos jarrones de azucenas en ofrenda de aromas al pie de una cruz, este es nuestro distintivo. Lema y distintivo que se funden en ideal, ideal de amor puro o de pureza amorosa. He aquí pues, condensado en sencillas palabras, nuestro ideal, nuestro programa y nuestra razón.

Nosotras pretendemos que este lema sea nuestra propia señal de identidad si se admite que al hombre le definen mejor sus ideales que sus realidades. Todo ello significa para nosotras que Dios ha de ser el Omnipotente en nuestra mente y en nuestro afecto, el objetivo esencial de nuestros afanes, el único por qué y el única para qué de nuestra vida, lo que le da sentido y la hace inteligible, aquello que, si falta, convierte nuestra vida en un disparate y en un absurdo.

El lema TODO POR AMOR A DIOS es uno y es múltiple. Dice una sola cosa, pero en ella expresa todas las cosas a la vez. Por eso exige una actitud de desprendimiento total de todo lo que no sea Dios, o a Dios lleve, o de Dios llegue; requiere también una confianza absoluta en la Providencia Divina; reclama una alegría interior que se derrama exteriormente, fundada en la paz del corazón; impone una fidelidad radical a las cosas grandes y a las pequeñas que constituyen el tejemaneje de cada día, porque intentamos medir la importancia de los que hacemos no tanto por la cosa en sí, sino porque todo es servicio de Dios y servir a Dios siempre es grande.

Somos conscientes de que hacer de Dios lo único necesario, poner en Él toda nuestra riqueza, cifrar en Él toda nuestra esperanza, exige una renuncia implacable a todo lo demás. El que no se considera rico teniendo a Dios y busca consuelos fuera de Él, nunca encontrará la verdadera riqueza.