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Tenía 6 años cuando perdí a mi “mamá”, la persona que más queríamos en mi familia, lo que hace que la tristeza y la pena inunden nuestras vidas. Y es en ese momento cuando llamamos a la puerta de este bendito Colegio, donde encuentro niñas de mi edad con las que comparto juegos y secretos, Señoritas que se preocupan por mí y me educan en todos los campos de la persona, y lo más importante para mí en esos momentos, “abuelas”, en un acto de generosidad inconmensurable por parte de todas.

Alguien puede pensar que el tiempo adorna cada una de nuestras experiencias pero no es el caso, recuerdo con mucho cariño a una Sra. Mayor metida en la cama con una sonrisa radiante en el rostro y que la hacía aún más tierna, que no me regañaba cuando me metía para verla en su habitación, sino que se preocupaba por mi estado, (nunca la ví quejarse).

Recuerdo cómo me enseñaron a comer de todo sin un mal gesto, cómo compartía con mis compañeras y éramos todas iguales, nunca nos contaban las penalidades de las otras o su entorno, disfrutábamos de cualquier pequeño detalle (una tarde de paseo, un baile, un rato de tele…) actos que tenían una especial importancia para nosotras, y que hoy me hacen disfrutar más de la vida sin exigir, lo que pudiera tener, lo que lograré… eso no me vale, me importa el momento y de ello se disfruta. Agradeceré siempre ese “QUERER ES PODER” que tanto me ha ayudado y esa Fe en Dios que guía mi vida y es sin duda el amigo que nunca falla junto a San Antonio que siempre me acompaña.

Gracias a todas por esa entrega tan sincera y de corazón que han llenado las vidas de tantas que entramos siendo niñas y salimos siendo mujeres. Gracias por enseñarnos el sentido de la vida. Gracias por tanto trabajo y perdón por si en algún momento no hemos valorado lo suficiente. Gracias por estar ahí siempre.

D.ª Dulcenombre Ruiz González