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Las vivencias durante la infancia son siempre inolvidables, para lo bueno y para lo malo, y en este caso son siempre para lo bueno.

La Señorita Guillermina, a la que llamábamos cariñosamente "abuela", y la Señorita Ana ("madrecita"), eran encantadoras, aunque a la hora de ponerse serias tenían un genio militar, que hoy comprendo porque hubiera sido imposible de otra forma poner orden en aquel gallinero. Dicho genio, por otra parte, nos venía muy bien, porque fue moldeando nuestro carácter y dotándonos de una autodisciplina que aún hoy conservamos.

En el Colegio de San Antonio hice mi Primera Comunión con mi hermano José. La catequista era Guillermina, que por cierto nos hacía aprendernos el Catecismo de punta a rabo, de memoria, y recuerdo que cuando llegaba el tema de la Comunión de los Santos, me lo saltaba porque ni lo entendía ni me gustaba, y ella siempre me preguntaba: ¿Tú por qué terminas siempre antes el temario?. A mis seis años, podréis comprender que no sabía ni lo que contestarle.

Los cantos los hacía siempre la Señorita Josefa (Pepita), que todavía me sigue llamando cariñosamente "mi niña". Dichos cantos sonaban a música celestial en la voz de aquel coro de niñas de seis a siete años.

Entre las actividades del Colegio estaba el teatro anual del Día de San Antonio y yo siempre actuaba en algo. Recuerdo un año de Virgen con Fray Eleuterio (q.e.p.d.), otro año de bailarina, de Jesús con la Samaritana. Todo lo recuerdo con enorme cariño y ternura y tengo que decir que disfrutábamos muchísimo.

Hoy, desde la distancia y desde el papel de educadora como madre, tengo que decir que toda esa época de mi vida en el Colegio de San Antonio, no sólo me ha servido a mí, sino que comprendo y manifiesto permanentemente la magnífica labor que desarrollan este grupo de mujeres que acogen a las niñas que están en el Colegio, las educan, les dan cariño, en definitiva les dan un hogar que en muchos casos no tienen.

Mi enhorabuena y pidamos al Señor que les mande obreras, como dice el Evangelio, "porque la mies es mucha y los operarios pocos".

D.ª Dolores Sierra Silva