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El Colegio de San Antonio, como lo conocemos en nuestro pueblo de Villanueva, es una verdadera Institución entre nosotros, ya que es conocido por todos la trayectoria que ha seguido desde que sus fundadoras las señoritas Ana María y Guillermina crearan esta Institución Religiosa por el año 1943 "para cuidar y recoger a la infancia y juventud necesitada" como bien nos dice en la jaculatoria que explica la vida de la sierva de Dios Ana María González Gómez.

Desde entonces han sido muchos los cometidos que han tenido las personas que están y que han pasado como integrantes y responsables de esta Institución. Educación de niñas desprotegidas, no ha sido sólo la labor de estas personas en estos años. Ellas están integradas totalmente en nuestro pueblo, saben de los problemas de él, ayudan en la labor pastoral impartiendo catequesis, compartiendo la alimentación de muchas personas necesitadas, ofreciéndose en las ayudas que desde su humildad pueden ofrecer a nuestro pueblo. Brindando esa sonrisa a todo el que llama a sus puertas y orando siempre por nuestro pueblo y sobre todo por los enfermos y los más necesitados, todo ello desde esa coqueta Capilla donde se respira paz, tranquilidad y sobre todo concentración para poder hablar con Dios.

Es una pena que una Institución como esta que dedica las 24 horas del día a la labor del servicio a los demás se pueda perder por la falta de vocaciones que existe actualmente. Y podemos preguntarnos ¿si algún día desapareciera, adónde irían tantas niñas?. Claro, irían a residencias, colegios, internados... ¿Pero allí estarían igual que aquí?. Creo que no, aquí están como en familia, familia cristiana, hacen vida normal, tienen sus horas de juegos, de estudios, de oración. Ellas aprenden a ser verdaderas mujeres. Cuando se van, saben costura, cocinar, llevar una casa, y sobre todo saben muy bien de que lo que han recibido es "Todo por amor a Dios".

En mi caso, puedo decir que he sido un favorecido. Sobre el año 1985, mi vida laboral no terminaba de definirse. Encontraba trabajo pero no era del todo fiable. Me encomendé a la "señorita Ana" y le pedí salud para mi familia y un trabajo estable para mí. Pasó poco tiempo para que me presentara a una convocatoria a la que acudí enfermo y pasé el examen, pasando por varias categorías y llegando adonde ahora me encuentro, un puesto estable y de gran categoría. En mi familia no hemos tenido grandes enfermedades y si las hemos tenido se han solucionado con la intercesión de la "señorita Ana" y la oración de estas grandes mujeres que velan siempre por nosotros.

Ojalá estas palabras lleguen a personas que puedan entregar sus vidas a esta Institución, para poder seguir con la enseñanza y sobre todo para que no se pierda esta bonita labor que durante más de 60 años está presente en nuestro pueblo de Villanueva del Ariscal.

D. Guillermo Sierra Silva