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Hola, mi nombre es Lupe y soy una de las muchas alumnas que han pasado por este colegio, el Colegio San Antonio de Padua de Villanueva del Ariscal, Sevilla.De este colegio tengo muchísimos recuerdos y vivencias ya que aquí pasé casi toda mi infancia y juventud.

Entré a formar parte de este gran colegio a los 9 años y salí de él con 21 para casarme. Mi madre decidió internarme para que pudiese tener una vida mejor de la que ella podía ofrecerme. Éramos cinco hermanos y yo era la mayor de las niñas, por ello con 9 años de edad mi madre me trajo al que a partir de entonces se convertiría en mi nuevo hogar. Más tarde este también pasaría a ser el hogar de mi hermana pequeña.

Por este colegio han pasado numerosa niñas que al igual que yo le estarán eternamente agradecidas a este colegio y a sus profesoras por haberles brindado la posibilidad de tener una vida mejor. Cuando yo entré habíamos aproximadamente unas 120 niñas, eran tiempos de mucha miseria y nuestros padres no podían hacerse cargo de nosotras.

Cada una de las niñas que formábamos parte de esa gran familia teníamos nuestros problemas pero ahí estaban ellas, nuestras profesoras, que se encargaban día a día de que nos olvidásemos por unos instantes de ellos. Gracias a ellas pudimos olvidarnos un poco de todo lo que habíamos pasado
anteriormente y pudimos ser mejores personas y tener hoy por hoy un futuro mucho mejor. Por ello, creo que hablo en nombre de todas cuando digo que nos gustaría que hubiesen mujeres que siguiesen en un futuro haciendo esa labor tan importante que es la de formar a auténticas mujeres de bien, capaces de vivir una vida lejos de tanta miseria y amargura.

Estas profesoras no tienen precio, para nosotras son más que unas simples profesoras, son nuestras madres. Unas madres que no desean estar solas a cargo de tantas niñas que siguen entrando día a día en el colegio. Por eso con esta carta deseo hacer un llamamiento a todas esas personas que tengan esa bonita vocación por ayudar a Dios para que se animen a hacer felices a tantas niñas que las necesitan. Realizando esta labor verán como al final obtienen la mejor de las recompensas, el cariño de todas y cada una de las niñas.

Se trata de un colegio muy acogedor que nunca ha distinguido entre ricos y pobres, a todo aquel que se acerca a pedir una ayuda se le recibe con mucho amor y sin pedir nada a cambio. Cada una de las niñas que hemos pasado por aquí hemos recibido una educación muy especial, hemos aprendido lo que es amar día a día a todas las personas que están a nuestro alrededor y a respetar a los demás independientemente de cómo sean. Todo se lo debemos a nuestra madre superiora y a las demás, a la Señorita Ana González y a la Señorita Guillermina que entregaron cada segundo de sus vidas para ayudar a los demás. Eran personas de bien que se sacrificaron para darlo todo y recoger a todas las niñas sin hogar .Cada palabra que pueda expresar de ellas me parece poco pues ellas lo dieron todo por mí y por mis compañeras. Jamás podré agradecerles tanto cariño y tanta ternura; ahora están juntas en el cielo y estoy segura que nos siguen cuidando a cada una de nosotras.

Mi último deseo para ellas es que ayuden a las profesoras que quedan a encontrar a alguien que siga al cuidado de estas niñas el día que ellas ya no puedan hacerlo.

Bendito sea ese Colegio de San Antonio de Padua.

D.ª Guadalupe Santana López